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Salvador Allende: "Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica"
Por eso, ser joven en esta época implica una gran responsabilidad, ser joven de México o de Chile; ser joven de América Latina, sobre todo en este continente que, como he dicho, está marcado por un promedio que señala que somos un continente joven. Y la juventud tiene que entender que no hay lucha de generaciones, como lo dijera hace un instante; que hay un enfrentamiento social, que es muy distinto, y que pueden estar en la misma barricada de ese enfrentamiento los que hemos pasado -y yo pasé muy poquito de los 60 años; guárdenme el secreto- de los sesenta años y los jóvenes que puedan tener 13 ó 20.
No hay querella de generaciones, y eso es importante que yo lo diga. La juventud debe entender su obligación de ser joven, y si es estudiante, darse cuenta que hay otros jóvenes que, como él, tienen los mismos años, pero que no son estudiantes. Y si es universitario con mayor razón mirar al joven campesino o al joven obrero, y tener un lenguaje de juventud, no un lenguaje sólo de estudiante universitario, para universitarios.
Pero el que es estudiante tiene una obligación porque tiene más posibilidades de comprender los fenómenos económicos y sociales y las realidades del mundo; tiene la obligación de ser un factor dinámico del proceso de cambio, pero sin perder los perfiles, también, de la realidad.
La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo; la revolución pasa por las grandes masas; la revolución la hacen los pueblos; la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores.
11 de Septiembre de 1973
Otro septiembre más, otro año más donde las alamedas no se abrieron -al menos no para los trabajadores-
El dictador murió impune de todos sus crímenes, volvió a quedar claro que las leyes solo se aplican y la cumplen los pobres. Sus grandes guardianes son sus herederos: los Freí, los Lagos, las Bachelet, los Insulza, los Zaldivar y el resto de travestís políticos del triste escenario político chileno.
Hoy, cuando el pitido de los bombazos sigue rechinando en silencio. Los mismos que traicionaron la democracia en el 73, los que llamaron a las sombras, los tanques y los aviones a atentar contra el mandato del pueblo, impiden que los trabajadores honestos den su modesto homenaje al compañero presidente, acusándolos de antisociales, vándalos y lumpen proletario.
Ese lumpen al que se refiere Belisario ya esta acostumbrado a que le saquen de La Moneda, la piel ya esta dura de los palos, los perros, las torturas y las cadenas que desde el golpe de estado al Presidente Balmaceda hasta el Presidente Allende han debido soportar, una herida más no doblegara a un pueblo que solo exige justicia, democracia… dignidad.
Esos trabajadores solo con Allende pudieron tener la dignidad de los que producen todo y no tienen nada, de los que ven a sus hijos ricos en lombrices y pobres en conocimientos, excluidos de la educación pública, de la salud pública, marginados de las riquezas de nuestra naturaleza: nuestro cobre, nuestros bosques y nuestros mares ahora solo son nuestros en el papel de la poesía, pero en el papel legal tienen dueño: los Zaldivar, los Freí y las trasnacionales.
En honor a todos los trabajadores, héroes anónimos del pueblo dejo una exposición fotográfica de los 3 años de la Unidad Popular y de los 17 años de resistencia popular durante la Dictadura Fascista

Para matar al hombre de la paz,
para golpear su frente limpia de pesadillas,
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz,
tuvieron que congregar todos los odios,
y ademas los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz,
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
para matar al hombre de la paz,
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz,
y acallar su voz modesta y taladrante,
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo,
y matar más para seguir matando,
para batir al hombre de la paz,
tuvieron que asesinarlo muchas veces,
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
para matar al hombre de la paz,
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada una hueste una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejército,
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo,
y tenía en sus manos un fusil y un mandato,
y eran necesarios más tanques más rencores,
más bombas más aviones más oprobios,
porque el hombre del paz era una fortaleza,
para matar al hombre de la paz,
para golpear su frente limpia de pesadillas,
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz,
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte,
matar y matar más para seguir matando,
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo,
tuvieron que quedarse sin el pueblo.
Mario Benedetti
Vientos del Exilio


